Wednesday, May 03, 2006

Escribir sobre el celuloide



Todo el tiempo guionistas, productores y directores de cine trabajan sobre libros. ¿Qué pasa cuando escritores deciden escribir sobre películas? La editorial Gedisa acaba de lanzar los cinco primeros títulos de La película de mi vida, una colección que propone desarrollar esta seductora idea. En su mayoría, los libros fueron hechos por encargo para The British Film Institute y salieron entre 1997 y 1998. Al plato fuerte, El mago de Oz de Victor Fleming según Salman Rushdie, le siguen Amores Perros de Alejandro González Iñarritu según Paul Julian Smith, Shoah de Claude Lanzmann según Carles Torner y finalmente Los pájaros de Alfred Hitchcock según Camille Paglia. Editados en excelente papel y generosos con las fotografías, los primero resultados del proyecto son disímiles.

Sacando a Rushdie, los nombre nos dicen poco y las películas no son gran cosa. ¿Por qué no se dejaron atrapar por la idea escritores más conocidos? ¿Dónde están Casablanca, 8 ½, Cityzane Kane, La Chinoise, Annie Hall, Terminator y El club de la pelea? Por supuesto, aunque desdibuja un poco las intenciones de la colección, que la idea general sea mejor que su realización no va en detrimento de los libros.

El mago de Rushdie. La lectura que Rushdie hace de El Mago de Oz es a la vez desprendida e intensa. Su personal ensayo comienza con recuerdos de su infancia en Bombay para rápidamente dictaminar que “El Mago de Oz es un filme cuya fuerza impulsora reside en la insuficiencia de los adultos, incluso de los buenos adultos, para desempeñar su función”. Si Rushdie cuenta anécdotas sobre el rodaje, sobre todo interpela la película con finos señalamientos diciendo que no soporta al perrito Toto, analizando la elección Judy Garland para el protagónico y contrastando la película con el libro original de Frank Baum. Su texto gana cuando cuestiona algunas de las ideas del film, por ejemplo, la de “East, west, home´s best”, afirmando no sin argumentos que la Kansas natal de Dorothy, agreste y gris, no puede ser mejor que el fabuloso Reino de Oz, desplegado en brillante tecnicolor.

Contando que Over the rainbown, una de las canciones centrales del film, estuvo a punto de quedar afuera, el novelista aprovecha para señalar que El Mago de Oz es “una prueba contundente de que Hollywood realiza sus obras maestras por casualidad, sin saber a ciencia cierta qué es lo que está haciendo”.

Rushdie relativiza la maldad de la bruja del Este y la bondad de Glinda, la empalagosa hada buena; afirma que Dorothy supera a Blancanieves en un quinientos por ciento y narra, en la segunda parte del libro, una lisérgica subasta de los zapatos de rubí, objetos fetiche del film. Su actitud es la del fan inteligente que ama más su objeto de culto cuantas más aristas encuentra para desmenuzar. Una idea central recorre todo el texto: “Resulta difícil para un emigrado como yo –escribe Rushdie– no ver en estos destinos cambiantes una parábola de la condición de inmigrante.”

La trágica historia de la novia. La novia de Frankestein de James Whale también retrotrae a Alberto Manguel, un desconocido argentino instalado en Canadá, a su infancia. Menos confianzudo que Rushdie, Manguel no es un narrador excepcional ni un crítico erudito y la traducción no lo ayuda, pero colma sus claras ambiciones con solvencia: analizar las ideas centrales del film y divulgar con frescura lo que ocurrió durante el rodaje.

Hay algunas relaciones apuradas, como ver al homosexual James Whale reflejado en el monstruo, inequívoco marginado. Pero Manguel se toma el trabajo de revisar toda la serie, volviendo a la novela de Mary Shelley, recordando el argumento de la primera Frankestein y proyectándose a la parodia de Mel Brooks y a la versión más cercana de Kenneth Branagh. Sus descripción de Whale, un más que probo artesano, es sintética y prolija. Pese a que algunas transposición de imágenes a palabras a veces se hacen insuficientes, el crítico comprende la película a la perfección. “La novia de Frankestein es, fundamentalmente, lo que Whale había imaginado: aterradora, subversiva, irreverente, desopilante y, sin embargo, tocada por una rara dignidad y un raro pathos.”

En el excelente capítulo final, el repaso por “otras novias” famosas de la cultura universal revela un hallazgo atrapante: desde la autómata de Metrópolis hasta La Toilette de la mariée de Max Ernest, desde los retratos de Man Ray hasta La novia desnudada por sus solteros, incluso de Marcel Duchamps, la novia se presenta siempre como un personaje enigmático y provocador. Mientras tanto, en el área del amor y la técnica, posibles matrimonios entre películas y escritores forman una larga lista de pasiones que espera todavía su realización.

(publicado en el suplemento Cultura, etc.)

6 Comments:

Blogger superloyds said...

terra, colgate la otra nota, la q salió en espectáculos creo, muy buena
salu2

11:20 AM  
Anonymous chechus said...

oh oh juanté, camille paglia. estoy obsesionada con esa mina.

1:17 PM  
Blogger José said...

Hay un cuento de Rushdie en el que cuenta esa subasta. No me acuerdo cómo se llama, pero está en un Oriente Occidente.
Muy buena la reseña, saludos.
José

4:02 PM  
Anonymous Anonymous said...

Sí, José, debe ser ese cuento el que incluyó en este libro.

5:59 PM  
Anonymous Anonymous said...

Ignoto Juan Terranova, ¿quién te dijo que Alberto Manguel es "un desconocido argentino instalado en Canadá"? Yo diría que el desconocido, el no narrador excepcional ni crítico erudito sos vos. Aprendé antes algo de literatura argentina.

Marcelo de Caballito.

7:40 PM  
Blogger Nessie said...

cambiando al ángulo de la información: ¿probaste ver El mago de Oz escuchando The Dark Side of the moon a la vez? Es una experiencia recomendable. ;)

4:05 PM  

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