Tuesday, September 26, 2006

El mejor número

En enero de 1982, todavía bajo régimen dictatorial y a meses de la Guerra de las Malvinas, salía a la venta en Buenos Aires un número especial de la revista de ciencia-ficción El Péndulo. Más allá de las reseñas, los artículos de John Sladek y las impecables traducciones de Carlos Gardini, este número se constituye, por su propio peso específico narrativo, como uno de los hitos del género en el Río de la Plata.
En el mismo libro, porque en ese momento la revista tenía lomo, se destacan, más allá de otras ficciones: 1) El manuscrito de Juan Abal de Elvio Gandolfo que, con hermosas ilustraciones de Nine, cuenta la historia de un viajero que llega a una ciudad dirigida por agresivas vacas voladoras donde los seres humanos se transforman en parásitos obesos o en violentos jugadores de fútbol cuyas pelotas están hechas de alimento balanceado.
2) El eslabón vulnerable, de Racoona Sheldon, donde los hombres de la tierra, intervenidos “desde afuera”, comienzan a matar sistemáticamente a las mujeres.
3) El muy críptico pero sugestivo Tu: coma: Marilyn Monroe de James Ballard, parte del libro señero, en ese entonces inédito, La exhibición de atrocidades.
Y 4) El plato fuerte, la novela completa de Mario Levrero El lugar. Presentada con una breve pero contundente entrevista, donde el autor aclara que no la considera ciencia-ficción, El lugar es una lección maestra de narración escalonada. (Empieza con un hombre encerrado en una habitación vacía y oscura y termina con una ciudad asolada por el caos.)
Si, como quiere la leyenda, alguna vez El Péndulo fue premiada como la mejor revista de ciencia-ficción a nivel planetario, la sexta edición de su segunda época –tapa azul con una taza voladora del impresionante Raúl Fortín– fue su cenit, su número inmejorable. Hasta hace poco se conseguía en las librerías de saldos de Corrientes por un peso.

3 Comments:

Blogger flu_max said...

Claro, era Slater y no Spinrad, el de "los nuevos apócrifos". Spinrad era el de "El sueño de Hierro", que se si hubiera limitado al epílogo quedaba como uno de los mejores cuentos-ensayos de la historia de la scifi. Qué bueno el péndulo. !Carlos Gardini! y Ballard. Hace unos años, le tomé cariño anónimo al mundillo local de la ciencia ficción, con todas sus rupturas, escisiones y grandes escritores más o menos ignorados. Es una lástima que no se les de más bola, y suele haber un desconocimiento total. la "Historia Crítica..." de Jitrik le dedica un capítulo a Valenzuela, Gandolfo y Gorodischer, e incluso menciona a Axxón, pero parece como si los investigadores no hubieran investigado demasiado. Bue, dejo este entusiasmo ñoño...
Chau

3:17 PM  
Blogger Terra said...

Sí coincido en que Spinard escribió un libro muy chato para escribir un epílogo.

3:37 PM  
Blogger Félix Bruzzone said...

En algún número de esa revista leí por primera vez eso d3 que A. Bierce, antes de su propia desaparición en México, había escrito sobre tres (o cuatro, no me acuerdo) formas de desaparecer.

9:12 PM  

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