Wednesday, July 19, 2006

noche de martes en el Rojas

Escribí este texto para el ciclo Confesionario, historia de mi vida privada que organiza Cecilia Szperling en el Centro Cultural Rojas. Primero leyó Marina Mariasch, después yo y cerró Florencia Abbate (los tres tironeados por las "nuevas tecnologías". La pasé bien. Hubo un par de preguntas sobre el final y de repente me encontré a mí mismo asegurando que no estamos a la altura de la “herramienta blog” y que esta “herramienta” (no me acuerdo si dije era “herramienta” o “género”) está hoy en día explotando su potencial apenas a un veinte por ciento. Después, cenamos un excelente calamar picante con unos antipáticos palitos de acero en Bi-wom, el restaurante coreano de Junín. Me gustó producir este texto y recomiendo el ciclo.

Una ligera adicción

Hay escritores con adicciones asombrosas. Drogas legales e ilegales de todo tipo, drogas naturales, drogas sintéticas, drogas caseras, alcohol, apuestas deportivas como los caballos, las cartas o la ruleta, sexo con mujeres, sexo con hombres, sexo con hombres y con mujeres, sexo con animales. La lista es larguísima y, a diferencia de lo que ocurre con otros oficios, no está mal visto que un escritor tenga adicciones. Más bien, todo lo contrario. Es como si la institución literaria universal dijera: “Ok, si no podés tener obsesiones, por lo menos tené adicciones”. Es fácil entender por qué. La clave es el deseo. El deseo tiene que circular por algún lado. Sin deseo, no hay escritor.

Hace dos años nos fuimos a una casa en la playa que no tenía electricidad. Cuando mi mujer me preguntó si extrañaba la computadora le dije que había entrado en un proceso de desintoxicación. Y era verdad. Me había convertido, banda ancha mediante, en un yonqui digital. Sin electricidad, las mañanas las pasaba bien. Pero a la noche me ponía un poco más ansioso. “¿Vas a recaer?” me preguntó ella cuando volvíamos. Le dije que sí. Soy de esos que se rescatan para después seguir consumiendo. Un vez leí que los médicos les dicen “adictos controlados”. Yo soy una especie de adicto controlado a Internet.

Me acuerdo que ese mismo viaje escribí a mano en un cuaderno un par de relatos sobre una pareja que va al mar y se desconecta de todo. Afilaba la punta del lápiz y escribía hasta que el trazo era tan grueso que no se me entendía la letra. Creo que hoy en día perdí hasta la capacidad de escribir a mano. Hace dos días tuve que copiar un mensaje en la libreta del teléfono y me descubrí una letra monstruosa, torturada, ajena.

Creo que la adicción empezó con el mail. Hoy chequeo me casilla más de diez veces por hora. Un domingo que estaba aburrido me dediqué a leer y responder mails. Fue como una explosión en cadena. Mi lista de contactos está llena de gente que, como yo, mira su casilla permanentemente. Y después llegó el chat. Chat nocturno, chat diurno, chat con amigos, chat con desconocidos, chat en grupos, largas sesiones existenciales de chat. Mi mujer me ve chateando y tiene ataques de celos.

Uno de los géneros fuertes de Internet es la poesía. El otro es el artículo o el fragmento. Una escena clásica: toda una noche de insomnio googleando nombres de escritores. Empezás con Sarmiento y terminás con Chuck Palahniuk. Bajarse libros enteros de Internet es algo raro pero también posible. Se parece a salir de caza por las lagunas de la provincia de Buenos Aires. Tanto cazar en esas lagunas desiertas como bajar libros de Internet es divertido y difícil, hay que aprender a hacerlo de a poco, tener paciencia para encontrar los lugares adecuados y, finalmente, hay que estar muy desesperado para, por ejemplo, comerse una avutarda o leerte un novela entera de la pantalla. Así y todo, hay gente que lo hace. Y muchas veces no es por desesperación sino por el hecho de probar algo diferente.

Los relatos que estoy escribiendo ahora cada vez se parecen más a lo que pongo en mi blog. Me di cuenta hace poco y me sorprendió que no me molestara. Digamos que en el blog, primero vacío baldes y después saco con cuenta gotas. Al blog le podés poner cualquier cosa y siempre se va a parecer a un blog. En esto compite con el género novela. Pero la novela necesariamente tiene un principio y un final. Es un ente cerrado. El blog es como el mito de Sísifo. No se termina nunca.

El síndrome de abstinencia digital es duro. ¿Quién no se quedó alguna vez sin computadora o sin Internet? Parece que está todo bien hasta que el vecino llama al jardinero y el jardinero corta las plantas del vecino y de paso también corta un par de cables. Y un día te sentás, pero ya no tenés conexión. Al principio es un malestar sin ubicación clara. Hay algo que falta en algún lado. Sentado en la computadora, abrís viejos archivos word y eso te deprime un poco. Las promesas de la empresa que suministra la banda ancha cada vez son más irritantes. Se pasa muy rápido de la ansiedad a la cólera. Una vez estuve una semana sin banda ancha. Era llegar a casa y salir para el locutorio. Los locutorios de Buenos Aires son como los antiguos fumaderos de opio europeos. Todos conectados, todo el tiempo, al mismo aparato, en el mismo lugar pero también viajando, abstraídos en su propio recorrido mental.

Hace un par de años trabajé en una empresa de software. Un piso entero en Rivadavia y Suipacha lleno de gente, cada uno con su máquina. Los que trabajaban ahí habían encausado su adicción y la habían convertido en su trabajo y en su forma de vida. Uno de los programadores me dijo una vez que había que escribir en la entrada: “El trabajo te hará libre”. No sé si me lo dijo en broma o en serio.

Hay sitios que son realmente adictivos. Tusecreto.com.ar, por ejemplo. La gente entra ahí y escribe en forma anónima sus secretos. El subtítulo de tusecreto.com.ar es “No se lo cuentes a nadie, contáselo a todo el mundo”. Uno se puede pasar todo el día leyendo cosas como “me lavo el culo con cif”, o “me gusta la papa cruda”, o “Perdoname, mamá, no fue el perro, fui yo el que hizo caca en el living”. Y después están las hazañas o las miserias sexuales, las fantasías homoeróticas y lésbicas, las masturbaciones alucinadas que rozan lo increíble. Los masturbadores son especialmente sorprendentes: “Me gusta masturbarme con el mango de la tijera”. Una vez un tipo confesó (secreto número 5556) que hacía tres horas que estaba leyendo secretos ajenos. Decía que tenía un examen, que se tenía que ir a estudiar, que le daba vergüenza, que le daba bronca, pero que no podía dejar de leer. “La droga es nada comprado con esto” escribió al final. Creo que exagera, pero no tanto. El secreto, sin duda, es un género fuerte.

Y después están los niños adictos de Alemania, gordos, cerebrales, casi albinos, internados a la fuerza por sus padres en campos de desintoxicación donde hacen vida al aire libre. Y está el programa de rehabilitación para adictos a Internet que se puede hacer on-line. Y está la inglesa de doce años que se pasaba quince horas por día en la computadora de la cocina de su casa y se escapó con un marine norteamericano de treinta y dos que conoció chateando.

Yo también paso mucho tiempo en la computadora. Ahí leo, escribo, navego, imprimo, corrijo, me comunico con el mundo, estoy conectado. Si la televisión es como mirar por una ventana, el monitor es entrar en una dimensión paralela. Por lo general, cuando apago la computadora y clausuro ese mundo son las tres o cuatro de la mañana. Así que hastiado, satisfecho y cansado, me pongo las zapatillas y salgo a correr. La calle está vacía, y sentir el cuerpo alejado de los cables y la electricidad se transforma en un rito de pasaje diferente. La ciudad, aunque dormida, es la misma. Pero la intemperie y el asfalto de la madrugada cuentan simplemente otra historia.

8 Comments:

Blogger Unknown said...

Loyds el otro día hablaba de un juego que anda circulando por millones de navegadores que consiste en tener una vida paralela. Se juega en tiempo real. Se construye una casa y se moldea la personalidad. Hasta cocacola ponía carteles en esas "calles virtuales" por donde "pasean" los "jugadores" para que no se olviden de la marca.
Todavía no me pasó el link. Creo que si lo hace, me despido de todos y me hago doble de riesgo en ese mundo virtual.

12:21 PM  
Blogger Unknown said...

...o mafioso ucraniano en Nueva York.

12:22 PM  
Blogger Sparhawk said...

>>>
Y después llegó el chat. Chat nocturno, chat diurno, chat con amigos, chat con desconocidos, chat en grupos, largas sesiones existenciales de chat. Mi mujer me ve chateando y tiene ataques de celos.

<<<

Ah, Juan, ya no me siento tan solo... :-)

1:22 PM  
Blogger Molina said...

Internet es poderosamente adictiva. Ahora que tengo banda ancha no puedo entender cómo, durante tantos años, usé la computadora sólo como máquina de escribir. Y tam-poco puedo imaginar la vida cotidiana sin blog, chat y mails (también soy un chequeador compulsivo, y no puedo dejar de sentir una brevísima pero intensa desilusión cuando no hay mensajes nuevos en la bandeja de entrada). Desde hace dos días que la máquina de mi casa se niega a encenderse, y por las mañanas y las noches tengo que hacer grandes esfuerzos para no ponerme a caminar las cinco cuadras hasta el locutorio.

7:04 PM  
Blogger Miguel P. Soler said...

Me gustaría saber qué eslo que imaginas o pensás posible en ese 80% que aún no es el blog. Esta bien que una de las posibilidades es lo que comenta Funes, pero sería interesante saber cuál es el mundo posible que nos estamos perdiendo.

1:16 PM  
Blogger Terra said...

Acteón: Si eso fuera cierta y yo lo supiera, mi blog sería mucho mejor.

Funes, Molina, Luis: abrazo grande.

1:26 PM  
Blogger xenia said...

Lo bueno y lo malo de un blog es que no se termina.
Lo bueno y lo malo de una novela es que sí se termina.
Congratuléishons por lo del Rojas.
Debe haber estado bueno.

9:45 PM  
Blogger Loyds said...

el juego q dice funes es como venderle el alma al diablo, x eso no le pasé el sitio, x su bien
repitiendo lo del viernes, muy bueno el texto terra
salu2

10:41 AM  

Post a Comment

<< Home


Website analytics