Sunday, April 17, 2005

domingo al mediodía

Hoy me levanté pensando que tendría mucho trabajo si pretendiera empezar a investigar por qué los equívocos generan sentido. No siempre es así, pero sucede. Alguien confunde un carburador con la Reina de España y eso es surrealismo para algunos y mecánica experimental para otros. Es el efecto del domingo que arrastra un sábado de buen vino tinto.

El viernes en la pileta se armaron dos equipos muy desaparejos y aunque el partido fue entretenido, definitivamente me tocó jugar en la defensa. Casi no tuve proyecciones y cuando nadé hacia adelante fue una pérdida de tiempo. Por otra parte, aunque no corté tantas jugadas como me hubiera gustado, sí conecté algunos pases donde mi puntería mejoraba y el equipo salía mucho más rápido gracias a eso. El waterpolo implica una entrega física diferente pero, como se juega en ese club, se vuelve muy parecido al papi futbol.

Al mismo tiempo, nos vamos conociendo con los viejos y eso los habilita para quejarse más cuando uno les saca la pelota y, al mismo tiempo empieza a lanzar siniestras manos por abajo del agua. Esquivarlos y dejarlos colgados se vuelve algo muy necesario.

Después de una semana encerrado, hoy tenemos un sol interesante en la ventana. La mejor situación, entonces, es tener cosas pendientes y empezar a hacerlas de a poco.

La panza de Celia crece y todo el mundo quiere que cuente como eso me cambió la vida. La verdad es que no vimos muchos cambios todavía. La anécdota más interesante que tenemos es la reacción de los demás. Lo cual juega, en esa trama de los equivocos visibles los domingos, un papel todavía más raro.

La paternidad, en algún punto eso sí, y creo que ya lo dije, empuja a ser amable. Veremos que efecto tiene en mí.

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