Tuesday, April 10, 2007

cartas al duque (al fin, distensión)

Querido duque,
Esta vez sí. Pedro llamó al lobo varias veces. Pero al final firmaron la paz. ¿Una paz armada? Bien. Quizás. Ni el tratado de Versalles ni el pacto de Olivos. Pero hay que seguir adelante. Se fueron cuarenta y dos días de paro. Sí. Adiós. ¿Cuál es la pregunta ahora, querido duque? O mejor, ¿cuántas preguntas quedan todavía sobre este asunto? Cerremos este expediente, pero no perdamos el número de ubicación.
No conviene dormir al sereno y dejarse la capa en casa.
Abrazo,
Terra.

Monday, April 16, 2007

cartas al duque (setenta y cuatro)

Querido duque,
Sonia me regaló un libro. Llegó carta de Perón, rapsodia de la Resistencia 1955-1959, una antología de cartas personales que hizo Florencio Monzón, hijo del profesor Florencia Monzón. ¡Esas eran cartas, querido Duque! Por lo que puedo ver es un libro bastante híbrido: “En Llegó carta de Perón por primera vez se dan a conocer las instrucciones iniciales que el General Juan Perón enviaba a los “comandos peronistas” mediante mensajes personales desde Panamá y Venezuela en su exilio en 1955, 1956 y 1957.” ¿Leeremos este libro, mi amigo? Cuatrocientas páginas de peronismo histórico en un año eleccionario, con un conflicto gremial que ya es la hidra de las siete cabezas o el laberinto de Escher gobernado por un loco full of sound and fury, yes. ¿Cuánto podés silbar antes de empezar a dudar de la existencia del aire?
Me río solo, duque.
Abrazo,
Terra.-

Tuesday, April 17, 2007

cartas al duque (setenta y cinco)

Querido duque,
El fin de semana, en un galpón de Rosario, luces y música al taco para que un tipo altísimo de barba me diga, filtrado por sus vapores etílicos: “Yo vivo con una mujer eslava. Es adicta al juego. Dostoieski es un gran escritor. El juego tiene que ver con la idiosincrasia de la cultura rusa. Todo o nada, ganar o perder. Por eso la amo”. También Beatrzi Vignoli afirmando que había soñado con que Darth Vader era su tío. En el restaurante del club de pescadores pedimos boga a la parrilla y la comimos vigilados desde la pared por cabezas de pescado como trofeos: el impresionante pez chupa-chupa, cuya envergadura asusta al más pintado. ¡Cuánta humedad en Rosario, querido duque! Los mosquitos eran enormes y la costanera estaba llena de unos cascarudos asesinos de los que huimos a duras penas, más que nada porque no decidieron atacarnos. (El Gran Gogui de Rafaela me regaló un librito titulado El Rinoceronte y su cría. Un genio.) Volveremos a esas barrancas. Sí. Por todo esto que describo aquí y porque, porteños como somos, también nos gustó mucho entrar a Buenos Aires de noche por la Lugones y asombrarnos una vez más con todas esas luces.
Abrazo,
Terra.

Wednesday, April 25, 2007

Cartas al duque (setenta y ocho)

Querido Duque,
Una vez mi mujer me dijo: “No me gusta que escribas tanto sobre sexo”. Pero yo escribo sobre sexo y sobre amor. No sé si hay otros temas que valgan la pena, querido duque. Me gusta escribir sobre política, un poco de mito por acá, un poco de historia, sí, mucha histeria colectiva, pero también me aburre. Paul Léautaud decía que no le gustaba la gran literatura y que prefería la conversación escrita. Es así. Como monos colgados de un árbol o un cardumen de peces en el mar: ¿quién soporta un tipo que se la pasa hablando todo el tiempo de política? El blog, la papa está en el blog. Es la sartén y la olla al mismo tiempo. El blog es nuestra íntima y humilde pirámide de Keops construida un poco todos los días. Casi no hay Léautaud en la web. Se consiguen, apenas, títulos bellos. Por ejemplo, se consigna el libro de Pierre Perret, Adieu, Monsieur Léautaud; otro no menos seductor, de François Richard, que se puede traducir como El anarquismo de derecha en la literatura contemporánea. Y un tercero, de Loïc Decrauze, La aristocracia libertaria en Léautaud et Micberth. Pero para leer no hay mucho. Aforismos, algunos interesantes, con gusto a poco, a toqueteo fuera de contexto. Un único artículo, Le journal littéraire de Paul Léautaud: l'égotisme comme insoumission permanente, es la excepción. ¿Quién puede resistirse a ese título? El autor, Jesús Cuenca de la Rosa, es de San Sebastián. No leí ningún libro de Léautaud. Me los imagino chismosos, lúbricos y apasionantes. Jesús Cuenca lo cita bastante. Por ejemplo: “Yo nunca he experimentado, nisiquera en la infancia, el menor amor al próximo. Yo estoy casi cerrado a la amistad. Como escritor, siempre estuve cerrado a la ambición o a la exhbición, a la reputación y al enriquecimiento. Una sola cosa tuve en cuenta: el placer. Esa palabra representa para mí el motor de todas las acciones humanas.”
Le escribo pronto y le dejo un abrazo,
Terra.-

Monday, December 04, 2006

cartas al duque (treinta y uno)

Querido duque,
¿Quince minutos al sol y quedás como un camarón? Esa historia la conozco. Nunca me bronceo del todo. Paso del blanco al rosado y de vuelta al blanco. En abril estoy epidérmicamente en cero otra vez. Los abuelos de mi abuela materna eran albaneses. Creo que de ahí me viene la piel tan blanca. La verdad no sé. En todo caso, el viaje fue hacia el oeste. Albania, Italia, Buenos Aires, Ramos Mejía. El sarmiento tocando el silbato y haciendo Once-Ituzaingó en menos de veinte minutos.
Ayer apenas treinta y cinco piletas de cincuenta metros porque llegamos tarde y los árboles hacían sombra en el agua. Ahora son las diez de la noche y todavía no cenamos. ¿Cuánto tardan en descongelarse tres bifes anchos? ¿Cuál es la pregunta, querido duque?
Mañana merecemos simplemente otro día de sol.
Saludos,
Terra.

Monday, February 05, 2007

cartas al duque (sesenta y uno)

Querido duque,
Una novela más. ¿Qué significa? Me gusta que me inviten a patinar, leer sin hacer esfuerzo, dejarme llevar y no tener que mirar el número de páginas ni una sola vez. Eso es, para mí, el placer de la lectura. Ahora bien, no tengo miedo ni pereza en pelear junto al autor en los bordes de sus problemas, tanto formales como informales, pero lo que no soporto es que el tipo me tire todas sus limitaciones y sus imposibilidades a mí para que yo se las resuelva con mi lectura. Ahí cierro el libro. (A veces me quedo porque la juego de guapo y sé que llego al final con una masacre.)
No hay sorpresas a esta altura del año. Todo se dirime alrededor del clima. Son las cinco de la tarde, querido duque, y el efecto del lunes todavía es palpable. El pasquín de las erratas siguen adelante.
Saludos,
Terra.

Wednesday, December 20, 2006

cartas al duque (treinta y nueve)

Querido duque,
Vivo un día tranquilo. En octubre de 1888, Vincent le escribe a Theo desde Arles y le cuenta que el dinero se le terminó el jueves así que durante cuatro días viene subsistiendo “principalmente de 23 cafés y del pan que todavía tengo que pagar”. “No es culpa tuya –agrega–; si la hay es mía.”
¿Alguna vez vio como es la tipografía para ciegos, querido duque? No es rara. Es simple y enorme. Una tipografía 130, casi una palabra o una sílaba por página. Porque de la misma manera que hay fusilados que viven, hay ciegos que pueden ver, y nunca se trata de ser más papista que el Papa, querido duque. (Aunque en ocasiones sí.) También se puede pensar que todo esto es como ir a la fotocopiadora y encontrar los poemas secretos, llenos de odio y desesperación, de un compañero de trabajo. ¿Quién resiste esa lectura, querido Duque? ¿Quién la resiste? Aunque sepamos que por la cerradura va a salir una aguja de tejer, ¿quién se resiste a mirar, aunque más no sea un vez?
En la redacción, una periodista por teléfono pregunta: “¿De qué sabés más? ¿De caballos o de bailar?”. “Agregame tres palabras acá” dice un diseñador. “Sacale un par de adjetivos” pide un editor. Siempre es fácil, y rinde mucho, hablar mal del traductor.
Saludos,
Terra.

Tuesday, January 16, 2007

Cartas al duque (cincuenta y uno)

Querido Duque,
Hoy bajé hasta tesorería a cobrar un vale y me di cuenta que la oficina es un ecosistema anti-humano. También corroboré que el periodista es un oficinista ligero de ropas. Hasta acá, pocas novedades. Un mono saltando, la vida en un tubo. Salí a comer temprano y me acordé que el domingo al mediodía freí unas mollejas exquisitas para Celia. Afuera falsa humildad. Si jugara al fútbol como cocino, sería uno de esos tipos que hicieron un par de partidos en la reserva de un club importante y largaron para estudiar o por pereza.
Ahora, una foto de Joyce tocando la guitarra. Después, una editora le dice a una redactora de Espectáculos: “Te voy a meter un cinturón eléctrico como la mafia.” Son las seis en punto y la nota que tengo de Boedo y Florida se expande como el big-bang. Con cinco gritos la sangre volvería a circular, pero cuando llego al tercero, el proyecto entra en zona de duda. Preferiría escribirle menos y dormir más la siesta, pero las fichas cayeron así. Sobre el horizonte, un reloj del tamaño de mi pecho y superpoblación de monitores.
Gran abrazo,
Terra.

Thursday, April 05, 2007

cartas al duque (setenta y uno)

Querido duque,
¿Ayer estábamos en la postguerra? ¿O apenas el espejismo de un cese de fuego? Bueno, hoy volvimos. Ni siquiera tuvimos que hablar por teléfono. No se llegó a un arreglo. Seguimos de paro, querido duque. Y es extraordinario. ¿Cuál es la pregunta, Terranova? ¿Hay un libro de Madariaga que se llama Las jirafas sagradas? ¿O es una banda de rock? Me duele un poco la cabeza. Hace más de un mes que no hago actividad física. ¿Cuál es la pregunta? La pregunta hoy es ¿cuándo? Y la respuesta es en dos partes. ¿Cuándo voy a empezar a escribir en serio sobre este paro de mala madre? Pero también: ¿Cuándo se va a terminar? Yo quería ser un impresionista sensual, querido Duque, hacer magia con lo cotidiano, pero, como siempre en la Argentina, eso no se puede prescindiendo de la política. La historia te agarra de la cola como a un perro y te retuerce el espinazo. Y ahí vamos.
Me miro la manos y las preguntas se me escapan.
Abrazo,
Terra.

Tuesday, April 03, 2007

cartas al duque (setenta)

Querido Duque,
Primero que nada hay que decir que salir de un megaparo de más de treinta días parece tan difícil como entrar. Es como si alguien te mandara una foto de hace cinco años: todo está irreconocible pero al mismo tiempo uno está ahí, sonriendo, detenido en la instantánea, con un peinado diferente, con prioridades que ya son historia. Espero que se entiende la comparación y si no, bueno, los treinta y tres días de paro están ahí. Los caminamos de punta a punta. Lo que más lamento es no haber podido llevar un buen diario de este asunto, querido Duque. No tuve la libertad necesaria o no me la di o no supe cómo hacer para generarla. Mal, mal, mal. Me deje afectar mucho. (De hecho, estoy afectado y el paro sigue ahí, por lo menos hasta mañana, creo.) ¡Qué cosa magnificas habría escrito con un poco más de autonomía! ¡Qué caricaturas de los oradores y que honor le hubiera rendido a la organización gremial! ¡Un paro de treinta y tres días que termina cuando empiezan las Pascuas! Mejor oportunidad, imposible. Y yo, sentado, siento que la desperdicié. Supongo que la literatura no es meter ideas escritas con claridad en un procesador de textos. Tampoco me parece mal chocar con las propias imposibilidades. Por lo menos, nos devuelve una sensación genuina de realidad, no la berretada de la falsa humildad.
Escribo pronto.
Abrazo, Terra.

Wednesday, March 28, 2007

cartas al duque (sesenta y nueve)

Querido Duque,
Este periodismo tan particular cada día se pone más raro. Me hace acordar al viejo en la sala de espera en una novela de Vonnegut: “Yo sabía que la vejez era mala, pero no mala de esta manera...” dice, mientras no puede dejar de tirarse pedos.
Ahora, querido duque, le escribo sin ganas. Pero está bien. Preferiría estar tirado en casa, con el control remoto de la televisión en la mano y tres almohadas atrás de la cabeza. A veces, la verticalidad me agota. Para colmo me pesqué un resfrío y tengo todos los músculos de la espalda contracturados. Un mono oscuro me pincha los globos oculares desde adentro. ¿Con qué pincha? No sé. Pero es meticuloso. Espero escribirle pronto y de mejor ánimo.
Se lo extraña un poco,
Terra.-

Friday, March 16, 2007

Cartas al duque (sesenta y siete)

Querido Duque,
Al final de túnel no hay una luz. Pero tampoco un martillazo en la nuca. Es una intuición. Viajes en subte, paros por tiempo indeterminado, ollas a presión, adictografía, humedad. La variantes de un periodismo cada vez más inesperado. ¿Cuántos secretos tiene este oficio, querido duque? ¿Qué falta? ¿Dinosaurios ocultos, corrupción amaestrada, viento solar? La última explosión detona con fuerza. Le escribo desde una redacción tomada con carteles y papel de diario en el suelo. Los editores trabajan pero nos los miramos trabajar. Internet, como siempre, es indispensable.
Lo abraza, en la amarga dulzura de la indeterminación,
Terra.

Wednesday, January 17, 2007

Cartas al duque (cincuenta y dos)

Querido Duque,
Faltan diez minutos para que sean las ocho de la noche y en Buenos Aires todavía no se hizo de noche. Eso sube. Aparte, el Gran Jorge Fantoni me regaló hoy dos números de la revista Planeta, que salía a mediados de la década del 60, y era parte de la primera generación de revistas de divulgación científica del país. La secciones que trae son “Crónicas de nuestra civilización/ Historia invisible/ Aperturas de las ciencias/ Mundo futuro/ Civilizaciones desaparecidas”. Esto es, dinosaurios, viajes a la luna antes de tiempo y un poco de ciencias ocultas. ¿Quién puede resistir un artículo sobre las cartas zener? Marc Chagall vivió casi cien años, escribió un solo libro titulado Mi vida y pintó un millón de cuadros. Con esa perspectiva, querido duque, no hay forma de que la luz de los tubos de esta redacción no resulte deprimente. Pero hoy me di cuenta que el Joyce de la guitarra se parece mucho a Robert Crumb y ese tipo de conexiones empujan a favor.
Le escribo pronto, más inspirado y en silencio,
Terra.

Wednesday, January 10, 2007

Cartas al duque (cuarenta y ocho)

Querido Duque,
Lo de Rorschach ya no me causa tanta gracia. A Freddy le gusta pero a mí me resulta un poco forzado, demasiado ingenioso, en el peor sentido. El mito de las manchas, sin embargo, todavía me atrae por su componente narrativo. La pregunta no es "¿qué ve usted?", sino "¿qué historia me puede contar?". Siempre fui un looser, querido Duque. Un poco lento, un poco sordo, un poco tímido. Lo único que tengo son mis manos. Manos sueltas, como dijo Maiakovski. La herencia del inmigrante. Puedo aplaudir y tejer, pero no al mismo tiempo. La vida y el tango perpetuo de Satie, lo baila el diablo pero lo aprovechan sus mujeres. En la redacción acaban de apagar el aire acondicionado y allá vamos.
Escribo en breve,
Terra.

Monday, January 01, 2007

Cartas al duque (cuarenta y cinco)

Querido Duque,
Suena un tiro, una bomba atrasada, y los perros ladran. A veces descubro mi falta de talento y me aterro. Pase completo al tren fantasma de las imposibilidades. Pero después vuelvo. “Marx no” dijeron ayer cuando todavía no estábamos en el 2007. A menos que alguien actualice de forma legible “El fetichismo de la mercancía y su secreto”. Entonces, quizás sí. Porque la mercancía no es ni de lejos el demonio. Y Stalin no era budista. Me encanta los alarmistas, querido Duque. Las historias que cuentan siempre son entretenidas. Hoy vi a Baremboim dirigiendo una adaptación de Adiós, nonino para orquesta en el Obelisco y ahí sí que me sentí mal. Pero peor es no haber podido dormir tres horas seguidas desde el sábado a la noche.
Lo saluda,
aburrido y agobiado,
Terra.

PD: Nunca falta el pelotudo que reivindica a Duchamp como un genio de la filosofía, de la poesía, o alguna otra mierda por el estilo.

Monday, December 11, 2006

cartas al duque (treinta y tres)

Querido Duque,
En la TV informan sobre el golpe de calor. Dos síntomas, sentirse caminando entre algodones y cierta sensación de inestabilidad. Yo, entonces, golpeado desde hace mucho. Falto de talento e inspiración le comento, duque, que las placas que me sacaron hoy se veían difusas "por la masa muscular". Así dijo la médica que me revisó. Dimos un paso atrás cuando hablamos del moco. "¿verde amarillento?" preguntó y yo le tuve que decir que sí. Ahora ya llegué donde quería llegar y estoy bien. En el camino me contuve para no odiar al sector de los farmaceúticos. Y cuando me enteré que el pinocho la quedó... Sí, me puse contento. Ya mismo lo están cocinando bien profundo en la tierra.
Mañana, más precisiones.
Ahora a descansar.
Saludos,
Terra.

Tuesday, December 05, 2006

cartas al duque (treinta y dos)

Querido Duque,
Tengo sueños asesinos, pero ¿quién no? Un hombre con una amoladora puede ser un trabajador hornado pero a las nueve de la mañana es un enemigo. Y el día de sol, te lo debo. Nubes blancas y grises cubriendo de forma homogénea el cielo. Pasolini decía que los Cuentos de Canterbury que filmó no lo habían dejado satisfecho porque desconocía la cultura anglosajona. Lo suyo estaba en el protoporno de las Mil y una noches o en Bocaccio. Sin embargo, Chaucer te da cierta tranquilidad en un día como este. La pileta parece que está cerrada por falta de guardavidas. Es probable que en menos de dos horas alguien me ve saltando el cerco y tirándome al agua con ropa después de haber dormido la siesta. Ese placer, tan simple, Duque, no me lo saca nadie en estos días.
De la foto de Flaubert me acuerdo menos que del subte.
Un abrazo,
Terra.

Friday, December 01, 2006

cartas al duque (treinta)

Querido duque,
Ya está. Quedaron un montón de cosas colgadas pero se puede decir que estoy de vacaciones. Tengo planeado un viaje donde va a contar el estado físico y todo eso, pero por ahora lo que importa es nadar y relajarse al sol, de ser posible con un libro que no sea una mierda. (Un redactor de la sección de ciencia me desafío veladamente a correr durante veinte minutos. Una risa, duque, porque yo podría correr durante veinte minutos a buen ritmo sin entreamiento previo de ningún tipo y después de pasarme un día sin dormir y encima regalarle diez minutos de flexiones de brazos.) Creo que, a esta altura, mi trabajo periodístico se resiente más que mi cuerpo, pero también podría ser una impresión subjetiva o que tengo el standart muy alto. En todo caso, bienvenidas las vacaciones. Que sea eterno mientras dure.
Abrazo, Terra.

Tuesday, November 28, 2006

cartas al duque (veintiseis)

Querido Duque,
Hoy, mucha humedad en el subte. El verano vendrá para hacer justicia entre los pasajeros. Mientras tanto, ¿cuántas veces tengo que viajar para conocer la oscuridad que se ve por esas ventanas fuera de escuadra? “Este es el único subte de madera del mundo” dijo un hombre de traje, corbata bordó. (Pero eso no fue hoy, fue hace mucho.) La humedad, sin embargo, es diferente. Usted lo sabe. Me da envidia incluso el mate que toman los que venden las fichas. ¿Con quién hablan cuando están pegados al teléfono? ¿Hablan entre ellos? ¿Qué se dicen? En el vagón la luz se entrecorta y preferiría, querido duque, simplemente tirarme dormir la siesta. La redacción también es una estación de subte. La gran diferencia es que siempre parece hora pico. Poca carne y mucho sudor en el mundo del periodismo argentino.
Abrazo,
Terra.

Wednesday, November 15, 2006

cartas al duque (dieciocho)

Querido Duque,
El pibe de camisa celeste en el subte dice: "La vida es una ruleta rusa". Y yo escucho, entre el traqueteo del A: "La vida es una ensalada rusa". Podría haber sido también una montaña. Hace un par de años escribí en un libro que prefería ver una muerte en la calle antes que soportar otro juego de palabras. Y todavía lo pienso.
Más acá, un pasaje de London. Un boxer en edad de retirarse reflexiona: "Bueno, uno tenía determinada cantidad de peleas adentro. Era la férrea ley del juego. Uno podía tener cien peleas duras adentro, otro sólo veinte; cada uno según su contextura y la calidad de su fibra, tenía una cantidad definida, y después de concluidas, estaba terminado." ¿Cuál es la calidad de su fibra, Duque? Siempre es más fácil preguntarle al otro que hacerse esa pregunta sí mismo. El relato se llama Un trozo de carne. Busquelo en Internet. Vale la pena.
Abrazo,
Terra.

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